VOCACION Y REALIZACION PERSONAL

   

            La interpretación religiosa que del término vocación se ha hecho ha distorsionado, en buena parte, su profunda significación. La palabra vocación no puede quedar limitada al contexto espiritual, su significado tiene amplitud total pues se extiende a todos los seres humanos. Decir vocación es expresar lo esencial de nuestro ser, nuestro diseño interior, aquello que ha de configurarnos como personas. Nuestro proyecto vital.

 

            “La persona no es una realidad que tiene una vocación, sino que es sencillamente vocación” (Monnier).

 

            Cuando hablamos de vocación estamos hablando de aquello que verdaderamente somos pues todo ser humano es, en principio y en esencia, una vocación. De aquí la imposibilidad de una realización personal completa y madura si esta no se asienta en las estructuras internas que conforman su vocación. Todo cobra sentido y se sostiene cuando lo realizado es consecuencia de un “ir rellenando” el esqueleto estructural marcado por la vocación individual de cada uno. Al igual que músculos, carne y demás elementos vitales se configuran sobre una estructura ósea hasta constituirse como cuerpo, así se configura la personalidad sobre la estructura vocacional. Si dicha estructura falta, las acciones humanas se desmoronan originando retazos, trozos de lo que podrían y deberían ser auténticas personas. La vocación es a la persona lo que el esqueleto al cuerpo, lo que la estructura hormigonada es al edificio. La persona se realizará “como tal” en la medida que responda a las exigencias de su estructura interior, pues somos, en origen, un poder ser, una potencialidad que sólo alcanzará su plenitud haciendo de la realidad estática de nuestra vocación una realidad dinámica.

 

            El sabio consejo del oráculo de Delfos que Sócrates hizo suyo: “conócete a ti mismo” podría tener sentido práctico traduciéndolo por : conozcamos nuestra auténtica vocación y hagámoslo averiguando nuestras aptitudes, los instrumentos de que estamos mejor dotados para actuar; sopesando el grado y clase de nuestra inteligencia para de esta forma saber el nivel de riesgo de nuestros proyectos. Hagámoslo, sobre todo, concienciando aquello de que de verdad nos motiva, lo que hace vibre lo más interno de nuestro ser, porque ahí se halla, sin duda, el por qué y el para de nuestra existencia.

 

            Motivación, inteligencia y aptitudes son los ejes configuradores de la vocación. En su conocimiento y en su posterior ejecución se asienta el edificio de la realización personal. Una personalidad completa y madura es el resultado de una vocación realizada. Nadie debería entrar en el  complejo mundo del trabajo profesional sin antes analizar con seriedad si el trabajo iniciado se corresponde con su manera interna de ser, o en otras palabras, si existe armonía entre la profesión escogida y la propia vocación. Lo que escogemos ha de ser siempre potenciador de lo que somos. De no ser así, habremos fracasado en lo más importante: en llegar a ser la clase de persona configurada en nuestro ser interior. Seremos un proyecto nunca terminado. Problemas y desequilibrios emocionales, generadores de infelicidad, tienen como causa primera la desarmonía entre lo que hacemos y lo que somos. Una psicoterapia segura y eficaz tiene lugar cuando lo vocacional y la profesión se armonizan. Actuemos y construyamos, pero respetando la estructura de lo que somos.   

 

            Elegir una profesión no es tan sólo escoger un “modus vivendi” es muchísimo más que eso, es escoger nuestro destino de persona. Un trabajo convertido en mero medio de subsistencia pierde todo sentido transformador y perfeccionador de lo humano. El trabajo habría de ser, ante todo y sobre todo, un instrumento de realización personal.

 

            Son muchos los que ignorantes de su vocación, comienzan a trabajar “en lo que salga”, y lo que de allí acostumbra a salir es decepción y hastío. No es culpable el trabajo sino su elección. Mientras el esfuerzo no tenga para nosotros un sentido, servirá para ganar dinero, pero nunca para nuestra realización personal. Sólo la vocación da sentido a cualquier esfuerzo, no importa lo grande que éste sea.

 

            Quien halla su auténtica vocación y la sigue pasa a formar parte de una élite de personas para quienes el trabajo pierde la connotación de maldición bíblica para convertirse en un auténtico placer.

 

            Si existe algo serio en la vida, sin duda es aquello que hacemos con nuestro proyecto vital. Hallar nuestra auténtica vocación y seguirla es la única manera de convertir en obra maestra nuestro diseño de ser, y es también una de las formas más seguras de alcanzar la felicidad.

   

                                                        A n t o n i o    S e n d e r.

                                                                                                  Técnico en Relac. Laborales.

 

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