
DESDE LA
BIPOLARIDAD
por Carles
Cornejo
LOS
ASPECTOS POSITIVOS DE LA BIPOLARIDAD
Después
de recorrer un largo camino de más de quince años con una mochila a mis
espaldas hoy llamada “bipolaridad”, me ha llegado la hora de sacar a la luz
mis conclusiones al respecto.
En un
primer momento todo el mundo puede asustarse ante esta enfermedad, por un
desconocimiento general de lo que conlleva vivir con este tipo de trastorno. La
gente tiende a esconder estos estados por considerarlos vergonzosos o por creer
que son mal vistos por un amplio espectro de la sociedad, que incluso puede
llevar a la estigmatitación, pero yo he querido hacer “de tripas corazón”
y me propongo en este escrito hablar de los aspectos positivos de esta forma de
ser , ya que los negativos son obvios.
En
primer lugar tengo que decir que la bipolaridad trae consigo una especial
sensibilidad, se tiene un espectro afectivo mucho más amplio que la mayoría de
la población. Este potencial hace que se pueda sintonizar mejor con un el mundo
menos material, un mundo al que, de acuerdo con Ramon Marquès, llamaré “ideático”,
donde la persona se ve más expuesta a todo aquello que no se puede experimentar
directamente, como las intuiciones y la atracción hacia el desarrollo de la
creatividad. En el lenguaje de C.J. Jung diríamos que hay una marcada
receptividad a los arquetipos, entendiendo como tales a “los elementos
estructurales y primordiales de la psique humana” y, en palabras de Ramon
Marquès, podríamos decir que
existe una hiperactividad de la “función ideática”; Stanislav Grof hablaría
de la “consciencia holotrópica”.
El
concepto expuesto con anterioridad podría parecer que cae dentro de la filosofía
e incluso del esoterismo, pero mis últimas averiguaciones me han llevado a la
conclusión de que existen unas bases biológicas de la personalidad ideática,
que en palabras del Dr. Javier Álvarez se llama “hiperia”. La hiperia sería
una actividad que parece derivada de la capacidad fisiológica que poseen las
neuronas de determinadas áreas cerebrales para funcionar de forma hipersincrónica,
es decir, para encenderse en gran número y al unísono La hiperia nos llevaría
a una excesividad, que sería la forma de contacto con los ya mencionados
arquetipos. Un símil a esta función es cuando sintonizamos las ondas
hertzianas con una radio.
Expuestos
los anteriores puntos, viene para mi la parte más importante, la de explicar
los aspectos positivos de la bipolaridad. Considero que pueden haber aspectos
positivos siempre que se sepa sincronizar con lo bueno, lo bello y lo justo. Si
este potencial del que se dispone nos lleva a un crecimiento como personas
debido a que quedan amplificadas todas las ideas y, si éstas son positivas, es
evidente que existe una ventaja con respecto al resto de los mortales, ya que se
puede llegar a unos niveles de autorrealización muy elevados y es aquí donde
encontramos el aspecto positivo. Pero no debemos olvidar que existe la ley de
los opuestos y que cada moneda tiene su reverso; con ello quiero prevenir a los
que sintonicen con ideas negativas, pues ello les puede llevar directo a la
autodestrucción. Sin embargo, entiendo que son nuestros valores los que deciden
a qué lado nos inclinamos.
AL
OTRO LADO DEL ESPEJO
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La dopamina en concentraciones elevadas es responsable de las capacidades artísticas,
de la fantasía, de lo absurdo, lo extraordinario, es una molécula potenciadora
de la locura. Para estimular la dopamina, se debería dejar volar la imaginación
y los sentimientos.
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Las fases de manía se caracterizan por un exceso de la dopamina, aparte de
otros neurotransmisores.
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Las tradiciones ascéticas ancestrales de todas las religiones han utilizado técnicas
muy concretas para elevar las concentraciones de dopamina, técnicas tales como
el ayuno, la fijación en un punto luminoso (una vela), la repetición monótona
de un mantra, las postraciones, el aislamiento sensorial, la danza, la música,
el esfuerzo físico, la meditación , la contemplación, el sexo, las drogas,
etc. En todas estas técnicas se intenta el encendido dopaminérgico del
celebro, que nos conduce a experiencias fuera de lo normal, en las que las ideas
se suceden en cascada y que en el caso de un bipolar, éste no sabe o no puede
controlar sin ayuda de medicación.
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En la alerta hipomaniaca, nos damos cuenta de lo que va a suceder, y no podemos
dejar arrastrarnos por el arquetipo que más nos llama, pues si se hace con
nosotros, para la vuelta a la vigilia normal, seguro que tendremos que pasar por
un ingreso. En ese instante de emergencia todo puede parecer maravilloso, y las
sincronicidades se suceden, es el momento en que el artista puede hacer sus
grandes obras, el poeta crea sus más fantásticos escritos, el místico conecta
con la trascendencia, pero no se puede pasar el límite, se ha de saber recurrir
en ese momento a los neurolépticos y a las urgencias psiquiátricas.
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Cuando se entra en estado de manía la conciencia humana se abre al mundo de las
ideas, es el “ábrete sésamo” al mundo de los arquetipos. Este tipo de
conciencia ha sido definido por el psiquiatra Stanislav Grof como conciencia
holotrópica, en contraposición a la conciencia hilotrópica del mundo tangible
y material. Ramon Marquès diría que es “un exceso ideático”. En la
conciencia holótropica o ideática se entra en un mundo donde parece que todo
sea posible y que las leyes materiales hayan perdido su validez, no se
diferencia bien entre realidad y ficción.
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La consciencia ideática está más cercana a los que sufren enfermedad psíquica,
son más receptivos, sintonizan mejor y están más empujados por ella.
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Una de las características que nos hacen pensar que se empieza a entrar en la
espiral de la consciencia ideática es cuando se producen sincronicidades como
la telepatía. Éstas siempre preceden a la aparición de una crisis psicótica.
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Pero cuando se abre el “molde”, es decir al inundar el inconsciente al
consciente, cada persona tiende a sintonizar con lo que le es más similar, por
ello puede contactar con patrones
terribles o sublimes. Todo depende de los valores adquiridos en la propia
evolución personal.
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La medicación neuroléptica es una solución de emergencia, pero sólo tendría
que ser utilizada para tapar la herida, luego ésta tiene que ir cicatrizando al
permitir una integración del inconsciente y de la consciencia de vigilia. Si
tan sólo se decide ir tapando la herida y no hay un trabajo más profundo de
realización, el problema siempre volverá a salir y con más intensidad.
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La psiquiatría académica y oficial sólo tiene tiempo para ir conteniendo los
síntomas psicóticos, pero no indaga en las profundidades, para resolver
problemas de fondo que, a medida que se van integrando y la persona madura,
tendrían que minimizarse. El Estado no tiene recursos para dar una psicoterapia
pública, y sólo se puede dedicar a contener los síntomas.
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La persona que ha accedido “Al otro lado del espejo” vive una realidad que
para ella es verdadera, pero está en discordancia con la conciencia de vigilia
por todos compartida, en el otro lado es cuando se manifiestan de una forma
intensa y fehaciente las frustraciones y desilusiones de la persona afectada,
pues conecta con lo más intimo de si mismo.
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Existen místicos y chamanes de todas las épocas que saben entrar y salir
“del otro lado” sin problemas, pero el psicótico se pierde, es como un
barco a la deriva hipnotizado por las ideas que le absorben en ese momento, y el
lugar donde acaban es en el hospital psiquiátrico.
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Pero si se atraviesa al “otro lado de espejo” ¿qué ocurre? Mi experiencia
me dice, que allí hay unas leyes del espacio y del tiempo diferentes a las de
la vigilia, se navega a la deriva, pero tu estas convencido de las ideas que te
poseen, que no son compatibles con las del resto de los mortales. Se pueden
tener experiencias de dejà vu, de precognición, de ráfagas telepáticas, de
psicocinesias; la parapsicología “al otro lado del espejo” campa a sus
anchas. Pero ese estado sino es bajo control, está en discordia con la sociedad
real de la calle. Se ha de volver pasando por un ingreso. Pero yo me pregunto ¿Por
qué la psiquiatría académica no va más allá del delirio e intenta descubrir
sus leyes? ¿Por qué sólo se intenta borrar la situación y no se comprende lo
que el viajero del “otro lado del espejo” nos cuenta? Tal vez en esos
delirios esté la llave para que no vuelvan a suceder, pues yo veo en ellos más
bien una crisis psicoespiritual que una enfermedad. El encendido dopaminérgico
es algo totalmente fisiológico, creo que no es una enfermedad, pero ésta se
puede engendrar cuando no se sabe integrar bien todo lo que se “ha visto y
vivido al otro lado”. Si no se produce un crecimiento personal, el simple
proceso fisiológico puede acabar en una grave patología mental.
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Estamos en un momento muy importante para el mundo de la psiquiatría, ya que
los nuevos medicamentos neurolépticos y antiepilépticos te permiten estar con
los pies en tierra, pero dejan abierto un pequeño canal a la consciencia ideática,
que puede proporcionar grandes creadores, pues la persona no cae en los síntomas
parkinsonianos tan nefastos, tan duros, y sin embargo su creatividad puede
materializarse. Con un conocimiento profundo de uno mismo y a través de los
nuevos medicamentos se puede abrir y cerrar la llave que da paso a lo que hay
entre “el cielo y la tierra”, aunque a veces para llegar al cielo se tenga
que atravesar el infierno o el purgatorio de una depresión, que es la otra cara
de la moneda.
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Siempre se ha sabido sobre la relación entre "genio y locura",
si supiésemos encauzar
la enorme energía de la manía correctamente, a través de las artes, la
filosofía o las ciencias, estoy seguro que la balanza se inclinaría hacia la
"genialidad", ya que cuando no se puede encarrilar esta fuerza se
forma la tormenta de la psicosis.
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Si la humanidad supiera aprovechar la fuerza creativa de la manía en
lugar de estigmatizar
a las personas que la padecen, creo que nos veríamos alimentados por gran
numero de genialidades, que ya denotan personajes famosos que consiguieron
grandes obras, por lo cual propongo que toda empresa tendría que tener
trabajando en su plantilla a un bipolar, pues sus estados emocionales y de
creatividad seguro que revertirían en la productividad de la empresa, arriesgándose
ésta a aceptar los momentos en los que la enfermedad pueda incapacitar
temporalmente a la persona.
Siento la fuerza del “otro lado del espejo”, estoy con acatisia y fumando mucho, pues no puedo canalizar bien toda la energía que me llega, no estoy psicótico, no tengo delirios, pero me desespero pues esa fuerza me arrastra ha hacer algo que no se lo que es.
Esta tarde voy a pintura y luego a ver al Dr. Carles Llusà pero, mientras llega el momento de ir a comer a casa de mis padres, voy dando vueltas por el piso y fumando continuamente. He subido la dosis de Rivotril a (1-1-2), pero lo cortés no quita lo valiente y la solución esta en saber canalizar esta enorme energía en algo tridimensional, así cuando estoy absorbido, desaparece la acatisia y me encuentro más relajado, como pasa en estos momentos que escribo estas líneas. ¡Aquí está la genialidad! en saber reconducir ésta inmensa fuerza en algo práctico que me absorba completamente, sino lo hago, me encuentro mal. No siempre puedo estar organizando cosas de la asociación. Busco desesperadamente ese algo que me absorba y me deje en paz y tranquilo.
Ernest Hemingway superaba esta situación escribiendo. Pero yo no se si tengo dones de escritor, tal vez la poesía es lo que se me da mejor.
Neutralizar la fuerza que viene del “otro lado del espejo” con una actividad que me absorba y que de unos resultados prácticos es mi misión. Siento un empuje ha hacer algo grande por los demás, por ello estoy implicado en diversas asociaciones, pero no puedo estar todo el día dedicado a telefonear y escribir cartas.
Ahora después de escribir éstas líneas, ya me siento mejor, ha desaparecido la compulsión de fumar y mis ideas van tomando sentido. Puede que la idea de organizar una conferencia, de prepararla, haga que se cristalice la fuerza que me invade, que por otro lado no está en fase hipomaniaca, ya que tengo controlado los gastos, y no me siento hiperactivo. Pero esa fuerza está ¡hay!, empujándome a hacer algo, precipitándome a no quedarme parado y a actuar, a crear, en el acto de crear es donde me siento en plena forma, relajado.
El impulso que más me llega a mi consciente es de tipo mesiánico, hacer algo por el resto de la humanidad, pero tendría que sintonizar con otros tipos de arquetipos que también me pueden colmar, uno de ellos es el de la paternidad, que la puedo aplicar específicamente en Guillem, el hijo de Àngels. Tendría que dedicarme a preocuparme más por él. Otro impulso que también me llega con fuerza es el de la relación de pareja. Puede que una tendencia algo olvidada es dedicarme más a mis padres y hermanos. Tengo que encontrar vías de salida, si no el destino es la psicosis, el delirio, por no poder integrar bien los patrones que me llegan de “la otra dimensión”.
Después de comer voy a intentar hacer la siesta y luego ir a pintura.